29 abril 2012

QUÉDATE CONMIGO

¡Hola a todos!

¡Aquí os dejo una NUEVA LOCURA!
Aunque en un principio presenté el texto en dos partes; finalmente, lo he unido en una única entrada para que resulte más sencilla su lectura y no estropear el ritmo de la historia. ¡Espero que os guste!

QUÉDATE CONMIGO


Todos los días la misma rutina. A las 7:30 sonaba el despertador y yo sólo me limitaba a encadenar secuencias programadas como un autómata: encender la cafetera, meterme en la ducha, vestirme, preparar una taza de café, bebérmela mientras lleno mi bolsa con el papeleo del trabajo y un termo del café sobrante… Y todo eso para poder estar a las 8 en punto en la parada del autobús urbano que me dejaba a un par de manzanas de la oficina. Podía ir en coche, lo sé, aunque si lo hubiera hecho no habría contribuido a reducir la emisión de gases a la atmósfera, mi paciencia se habría hecho añicos buscando a diario una plaza de aparcamiento, habría tenido un gasto extra mensual sólo en gasolina, y…, lo más importante, no habría podido verla cada día, oler su perfume… escuchar su voz…
Sí, ella era la razón por la que no remoloneaba en la cama, por la que media hora de mis días hacía que las veintitrés y media restantes merecieran la pena, por la que los fines de semana se hacían eternos y las semanas cortas. Y por la que, no puedo negarlo, me sentía un cobarde que día tras día fracasaba en su propósito de acercarse un poquito más a ella.
Todo empezó hace un año, cuando se me estropeó el coche. Un Ford Fiesta que tenía ya más de trece años pero que nunca me había dado problemas. Era ese primer coche que compras de segunda mano recién sacado el carnet de conducir y del que, a pesar de parecer más apto para cerillas que para personas, te cuesta tanto deshacerte por la cantidad de recuerdos que contiene: primeras vacaciones motorizadas con los colegas… lágrimas, risas y besos en el asiento del copiloto… el mejor escondite de un paquete de Marlboro cuando tus padres aún ni sospechan que has sucumbido al malsano vicio… En definitiva, había sido el estandarte del paso de la adolescencia a la juventud, y todavía hoy seguía aportando chispa a mi vida: ¡era el único rincón en el que podía escuchar mis cassettes de El último de la fila!
No, nunca me había dado problemas pero ahora parecía presentarlos todos juntos y tenía para más un mes en el taller. Así que no me quedó más remedio que sacarme el abono transporte y empezar a vivir en carne propia en qué consistía ser usuario de la red municipal. Y así, desanimado por el fastidio que este imprevisto me suponía, me arrastré hacia la parada del autobús y… la vi. No la busqué, ni siquiera estudié con curiosidad por matar el tiempo a las personas que, como yo, se encontraban de pie a la espera de la línea adecuada; pero ella se acercó, me preguntó la hora, alcé la vista y… me desarmó. Sus ojos claros y chispeantes me hipnotizaron, su brillante y rizado pelo cobrizo me cegó, su aroma me embriagó, y sin saber muy bien cómo ni porqué me vi anhelando  contar las pecas de su rostro y tocar sus labios con las yemas de mis dedos. Le respondí de la forma más natural que mi inesperado estado de nervios me permitió, y una vez que se mostró agradecida con una gran sonrisa y se alejó, me pregunté qué demonios me había pasado, ¿cómo podía haberme convertido en tan sólo cinco minutos en uno de esos protagonistas de los bodrios románticos que le gustan a mi hermana? ¿De verdad existían las malditas mariposas en el estómago? No, no, debía reducir mi dosis de cafeína sólo eso. Pero… ¿qué le pasaba a mi cabeza? ¿Por qué no dejaban de asaltarme pensamientos propios del culebrón de las cuatro?
Fuera lo que fuera, no me abandonó, pero yo tampoco quería que lo hiciera. Me hacía sentir… pleno. Aunque, claro está, no compartí este nuevo estado con ninguno de mis amigos. ¿Os imagináis a cuatro tíos escuchando lo feliz que me encontraba por haberme colgado de una chica que veía a diario en la parada del autobús? Hombre, tal vez Estela, mi mejor amiga desde el instituto me entendiera mejor que ellos, puede que a ella si se lo contara. Pero, ¿por qué pensaba que una mujer iba a entenderme mejor? Me hervía la cabeza y me ardía el cuerpo.
Todos los días llegaba puntual a la parada. A pesar de no haber vuelto a hablar con ella y de no saber siquiera su nombre, nos sonreíamos (yo por pura necesidad, ella supongo que por hacerme ver que me recordaba). Ese contacto fugaz me aceleraba el pulso y desbocaba mi imaginación. Cogíamos la misma línea, y aunque ella se apeaba antes, el trayecto hasta su destino era el mejor comienzo del día que podía tener.
Mi coche por fin salió del taller y volvió a mi garaje. Y allí se quedó. De repente y sin buscarlas, había encontrado todas las ventajas de usar menos el coche, o al menos eso le decía a todo el mundo. Aunque más que ventajas había una única e ineludible razón: ella. No podía dejar de coger el autobús antes de descubrir su nombre, de hacerle saber mi interés por conocerla… por tal vez quedar en algún momento para charlar… por… besarla. Pero toda la determinación que atesoraba a lo largo del día se esfumaba a las ocho en punto de la mañana cuándo volvía a verla de nuevo.
Un día, de repente, cansado de sentirme un estúpido como nunca antes me había sentido, decidí dar el paso de una vez por todas porque… ¿cuánto tiempo más podía alargar esta chiquillada? La semana anterior, o mi deseo de que así fuera me estaba cegando, o ella parecía mostrar también cierto interés en mí: me observaba más de lo habitual, se colocaba a mi lado en la fila que ordenadamente formábamos los pasajeros, me saludaba verbalmente… Parecía sentir la misma placidez con mi presencia que yo sentía con la suya. No sé, algo parecía estar cambiando o tal vez… ¿progresando? Y debía aprovechar la oportunidad.
Así que un martes cualquiera me levanté pleno de seguridad, lleno de esperanza, y con el convencimiento de que ese día era el día. A las 7:30 salté de la cama, encendí la cafetera, me metí en la ducha, me vestí, y me preparé una taza de café que acabó viajando por el desagüe del fregadero pues mi estómago estaba demasiado agitado para tolerar nada. Luego, sin pararme a revisar si mi bolsa contenía todo lo necesario para pasar el día, cerré la puerta de casa y, demasiado ansioso para esperar por el ascensor, baje de dos en dos los escalones de los cinco pisos que me separaban de la calle.
Pero cuando llegué a la parada ella… no estaba. Esperé con ansiedad creciente, y ella… no llegaba, apareció el autobús que cogíamos a diario y yo me subí pero ella… no lo hizo. ¿Dónde estaba? ¿Qué podría haberle pasado? Me sentía aturdido, disgustado y preocupado; pero, rápidamente para no perder la seguridad de la que había logrado hacer acopio durante los últimos días, pensé: «Vamos Carlos, ¿es que ahora una persona nunca puede dormirse y llegar tarde al trabajo? Mañana tendrás tu oportunidad».
Sin embargo, no hubo mañana porque ella tampoco apareció, ni pasado mañana, ni la semana siguiente… Parecía que se la hubiera tragado la tierra y deseaba que hubiera hecho lo mismo conmigo.


Pasaron seis meses sin que supiera nada de ella. Seis meses en los que me convertí en un muerto viviente. Al principio albergaba esperanza de volver a verla: «la gente normal se va de vacaciones, o viaja por trabajo, o tiene que mudarse temporalmente de barrio». Sí, “temporalmente”, era incapaz de asumir que se tratara de un traslado permanente; no, no podía aceptarlo de ninguna manera.
Pero poco a poco mi ilusión se fue apagando, había pasado demasiado tiempo, no sabía el motivo pero comenzaba a estar seguro de que no volvería a verla. Aún así, era incapaz de volver a coger mi coche y dejar de aparecer por la parada del autobús cada día porque, ¿y si regresaba y no me encontraba allí?
Estuve tan mal que no me quedó más remedio que confesarle a Estela lo que estaba ocurriendo. Su preocupación por mí, y la de todos mis amigos, fue creciendo de tal manera que o les contaba la razón por la que había dejado de ser “yo” o se volverían locos de preocupación. A ellos les ahorré los detalles más íntimos pero a Estela no, y ella comprendió que, aunque resultara increíble que una completa desconocida despertara en mí semejantes sentimientos, había ocurrido: lo que sentía por esa chica era mucho más que un simple capricho. Pero a pesar de ello, Estela creía que era el momento de empezar a recomponer mis pedazos:

─Carlos, debes barajar la idea de que tal vez no vuelvas a verla, y de que no puedes  continuar así ─me dijo una tarde con los ojos llenos de preocupación.
Yo sabía que ella tenía razón, aunque me parecía imposible que pudiera llegar a ser capaz de enterrar mis sentimientos y seguir adelante sabiendo que ya no existía posibilidad de nada. No había explicación lógica para lo que sentía, o al menos yo me había negado a aceptar el romántico alegato de amor a primera vista, pero era lo que había.
Durante las semanas siguientes a mi confesión, Estela se esforzó al máximo por distraerme, ofrecerme nuevas ilusiones, reincorporarme a la vida social, ¡hacerme sonreír de nuevo! Y parecía que poco a poco estaba consiguiendo salir de la cárcel de angustia en la que me encontraba preso. Sí, poco a poco las piezas del puzzle de mi vida parecían comenzar a encajar de nuevo, aunque yo no estaba seguro de que no hubiera extraviado alguna dejándolo por siempre incompleto. Sí, me sentía mucho mejor, pero aún así, no dejé de acudir a la parada. Estela había conseguido anestesiar el dolor pero… extirparlo no iba a resultar tan sencillo.
Y entonces sucedió lo inesperado. Una mañana de las muchas mañanas en las que esperaba mi línea la vi. ¡Sí, la vi! En un primer momento dudé, ¿era ella?, estaba tan cambiada… Pero sus ojos y sus pecas no dejaban lugar a dudas: lo era.
Se acercó despacio, estaba bastante más delgada y llevaba un pañuelo en la cabeza que disimulaba el hecho de que no quedaba apenas rastro de su melena cobriza. Había palidecido y parecía tan… frágil. La chispa de sus ojos se había apagado, ahora sólo podía leer en ellos cansancio e incertidumbre. Sí, estaba cambiada, pero en mi opinión igual de hermosa. No se atrevía a mirarme. Escondía su cara y no dejaba de juguetear con el abono en las manos. Parecía avergonzada, como si no quedara nada de la seguridad en si misma que antaño proyectaba.
Sólo con mirarla lo comprendí todo y desee abrazarla más que nunca. Entonces, supe que Estela tenía razón, que mis sentimientos iban mucho más lejos que un simple capricho. Entonces, sentí con más fuerza que nunca el dolor que supuso su pérdida y mis deseos de no volver a perderla nunca. Entonces, no tenía dudas de que algo más allá de lo racional me había atado a ella en lo bueno y en lo malo, y me daba igual llamarlo amor a primera vista o como quiera que cualquiera quisiera llamarlo. Entonces, tenía claro que nuestro camino no iba a ser fácil pero quería recorrerlo con ella. Entonces, sólo entonces, con una calma que nunca antes había sentido en su presencia, me acerqué a ella y la abracé con todas mis fuerzas.
La resguardé junto a mi pecho y ella se acomodó sin reparo. Cerré los ojos y cómo si pudiera leer su mente, montones de imágenes acerca de sus meses de ausencia asaltaron mi cabeza, y la emoción me embargó. Deshice el abrazo, ella estaba mirando al suelo, levante su rostro suavemente tomándola de la barbilla hasta que sus ojos se encontraron con los míos, entonces ella supo que yo sabía. La besé suavemente, no se resistió. Ella también me besó. Todo estaba tan claro en mi mente. Ahora todo encajaba, ahora tenía todas las piezas del puzzle, ahora había recuperado mi vida. Y en ese mismo momento, mirándola fijamente y manteniendo mis manos en sus mejillas le dije:

─No vuelvas a dejarme nunca 
Un pequeño rescoldo de la chispa de antaño pareció encenderse de nuevo en sus ojos, y una lágrima se derramó por su pálida mejilla. Me sonrió, y pude sentir sus frías manos tomando las mías, cálidas y seguras. Y así, agarrados y en silencio, subimos al autobús e iniciamos nuestro primer viaje juntos.



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26 abril 2012

BIRTH OF A BOOK

Un nuevo día y una pregunta ineludible: ¿Tenéis la lana y las agujas preparadas? Pues a por ellas pues... todos los días hay algo que tejer, algo que compartir, algo que relatar.

Tener algo que contar es el punto de partida, armarse de valor y emprender la labor forja la magia, pero no podemos olvidar que es necesaria más de una varita ¿Qué digo más de una varita? ¡más de dos y de tres!

Gracias a la plataforma Mundo Palabras el vídeo que a continuación os presento ha llegado a mis manos y, sinceramente, creo que merece la pena verlo.
Para todos aquellos que algún vez hallamos soñado con publicar, ¡¿qué digo con publicar?!, con simplemente darle forma a aquello que se cuece sin descanso en ese cazo que tenemos en el pecho y esa perola que portamos sobre los hombros, será todo un gustazo descubrir todas esas varitas conjurando a un tiempo.


Lo sé, demasiado artesanal para los tiempos que corren pero... ¡imaginar es gratis! Yo no desperdicio ni un momento para hacerlo y... te lo recomiendo, es ¡el mejor jarabe para el corazón!

Fuente del vídeo original: http://vimeo.com/38681202



24 abril 2012

SORTEO 2000 DESCARGAS - Pétalos de papel



Pues sí, 2000 personas han decidido dejarse enredar por Pétalos de papel y eso... eso ¡¡hay que celebrarlo!! Por eso, Iria y Selene proponen un concurso que me ha resultado muy interesante, en parte por el premio (estoy deseando poder adentrarme en la segunda parte de la historia) pero sobre todo por lo divertido de propuesta que nos hacen: ¿Por qué nos gustaría entrar en Albión? Así que... me he puesto el dedal... he enhebrado la aguja y... ¡hala! a coser una respuesta.
¡Animaos! A continuación os dejo la información más básica y el enlace que os ofrecerá con detalle en que consiste este concurso.
También os muestro mi respuesta. No sé si es la más original, pero es la de esta tricotadora que con sólo tejerla ya ha pasado un rato inolvidable ;-).

23 abril 2012

LAS 15 BIBLIOTECAS MÁS BELLAS DEL MUNDO

Hola costureros

Qué mejor día que el de Sant Jordi para homenajear a esos palacios de historias que son las bibliotecas.

Desconozco si a vosotros también os pasa pero... adoro la magia que irradian, desde la más humilde de barrio hasta la Biblioteca Nacional. No encuentro mejor sitio para evadirme de lo que me inquieta: su silencio me relaja, su colección de tomos ordenadamente alineados escondiendo misterios... reflexiones... alegrías... tristezas... aprendizajes... se adueñan de mis pensamientos alejando todo aquello que en ese momento revolotea en mi interior sin darme descanso. Las bibliotecas dan cobijo a todo aquello que alguien (más o menos conocido) ha querido hacernos llegar, que ha querido compartir con nosotros y con todos los que nos han precedido y lo que vendrán después de nosotros porque... ¿cuántas manos habrán sostenido su encuadernación?, ¿cuántos dedos habrán pasado sus hojas?, ¿cuántas mentes se habrán adentrado en su historia? Para mí, ahí se encuentra la magia, esa que me pone la piel de gallina. Las librerías también están llenas de ese "oscuro objeto del deseo" que para mí es un libro, pero... no hay hechizo, su virginidad espera a que alguien los descubra y ese... ese es otro tipo de encanto que nada tiene que ver con el atractivo de las bibliotecas.

Visitando el blog amigo: Soñando cuentos descubrí este vídeo que, sin lugar a dudas, quiero compartir con vosotros. Hoy, no os regalo un libro o una rosa sino un paseo por las 15 bibliotecas más bellas del mundo. Espero que os guste ;-D
ANUCA

19 abril 2012

KELONIA EDITORIAL

¡Hola costureros!
   Dándome un paseito por mi blog amigo Pétalos de papel me he encontrado una grata sorpresa: el surgimiento de una nueva editorial: http://www.kelonia-editorial.com/Web/

   Para todos aquellos a los que nos gusta darle a la aguja y bordar historias, estos nuevos proyectos son un halo de esperanza que nos acerca un poquito más a la posibilidad añadir nuevos caminos que nos lleven unos pasitos más lejos.


AQUÍ os dejo el comunicado de prensa de su editora Carmen Cabello a través de la entrada de uno de mis blogs de cabecera PÉTALOS DE PAPEL

17 abril 2012

#12. VIDA Y MILAGROS DE UN EX - Mª José Moreno

   Seguro que ya me habéis leído más veces afirmando cuánto me gusta apoyar y enredarme con aquellos tejedores de historias menos conocidos, aquellos que no aparecen en las listas de los más vendidos pero cuya calidad literaria no tiene porque distar de la de los primeros. Pues bien, revolviendo entre las labores más desconocidas descubrí a Mª José Moreno y me lancé a adquirir dos de sus bordados: Bajo los tilos (que aún conservo en mi costurero de calcetas pendientes) y Vida y milagros de un ex que a continuación paso a reseñar.


   Vida y milagros de un ex es una novela corta cuyo protagonista, Baldomero, no es más que un cúmulo de desdichas. De esas personas que parecen perseguidas por la mala suerte, lo que les convierte en un "ex de todo" constante. Su incapacidad para conservar cualquier cosa que logra en la vida (pareja... trabajo...) y para meterse en todos los problemas posibles, le tiene sumido en la más profunda desesperación. La verdad es que resulta imposible no sentir compasión por su infortunio y por tener que sobrevivir a esa madre que Dios le ha dado (fantástico personaje que no hace más que ratificar lo duro que puede resultar volver a casa de tus padres después de un fracaso ¡o varios!).


   La historia gira en torno a una oportunidad que parece estar regalándole la vida, y que nos tendrá en ascuas con respecto a su desenlace: ¿engrosará su lista de ex...? o ¿logrará salir de esta y cambiar su suerte?

13 abril 2012

#11. ONCE VIDAS - Mark Watson

   Mi historia con esta novela comenzó hace algunos meses cuando recibí publicidad sobre su próxima publicación. He de reconocer que su portada a la "13 Rue del Percebe" me fascinó y la lectura del primer capítulo me dejó con ganas de más.
   Pero el caso es que... sospecho que el exceso de expectativas que creé en torno a este bordado de Mark Watson es el causante de que finalmente haya pasado por mí un poquito "sin pena ni gloria". Vamos que... me ha gustado pero esperaba más.

 Se trata de un libro de fácil lectura y con alguna que otra escena y diálogo divertidos. Cierto es también que, cuando lo acabas no puedes evitar reflexionar acerca de la vida y de cómo sin saberlo podemos llegar a influir en el devenir de otros y otros en el nuestro sin siquiera ser conscientes de ello. Y es que, Once Vidas relata literalmente eso: once vidas, once personas que en su mayoría no aparentan guardar ninguna relación entre sí y que sin saberlo verán cruzados sus destinos de un modo u otro.
   Sí, lo sé, se trata de un entramado archiconocido: ¿quíén no ha visto alguna película en la que al inicio todo parece inconexo y finalmente guardaba algún tipo de relación? Ahora bien, si te han enganchado esa pelis y siempre te han gustado las historias tipo "cadena de favores" o "vidas cruzadas", este es un libro que debe pasar a engrosar tu historial de lecturas.

04 abril 2012

HUIDA A NINGUNA PARTE en la Revista Terral

¡Hola tejedores!

Como ya os comenté hace unos días, uno de mis relatos cortos ha sido seleccionado para ser publicado en la Revista Terral a través de la plataforma mundopalabras. Estoy entusiasmada y no puedo más que compartir con vosotros, una vez más, esta pequeña "locura".




Podéis encontrarla en la página 38 del 
Nº 6 de la revista bajo el título:
HUIDA A NINGUNA PARTE










Espero que os guste mi pequeña costura, y os animo a disfrutar de todos los contenidos pues para quienes tienen en la literatura su pasión recoge "labores" muy bonitas e interesantes.








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IMAGEN gentileza de FreeDigitalPhotos.net

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